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Connor: la finasterida arrasó con mi salud y mi carrera

Connor tomó finasterida seis meses a los 29 años. Cuenta los efectos físicos y psicológicos que le dejaron y cómo acabaron con su carrera.

PorMorten SkovPublicadoActualizado

Me llamo Connor y esta es mi historia con el síndrome post-finasterida (PFS). La finasterida, conocida sobre todo como Propecia, es un medicamento pensado para tratar la caída del pelo, pero a mí y a muchas otras personas nos ha dejado problemas de salud graves y duraderos. Este fármaco, que tomé solo seis meses, me puso la vida del revés y me dejó luchando contra efectos físicos y psicológicos profundos.

Antes de tomar finasterida era un hombre de 29 años que iba viento en popa, con una carrera destacada. Trabajaba en la industria musical al máximo nivel. Mi dedicación a la salud y el hecho de no beber nada de alcohol contribuyeron mucho a mi éxito en ese terreno. En mi tiempo libre corría, boxeaba, hacía yoga y entrenaba en el gimnasio, y paseaba perros por diversión con una aplicación de «borrow my dog». Estaba a gusto, satisfecho, y era uno de los mejores tour managers del mundo.

Mi vida dio un vuelco brutal después de tomar finasterida durante seis meses por un problema estético de pelo fino. Aunque dejé el medicamento por los efectos adversos, mi salud se deterioró rápidamente. Los efectos físicos fueron devastadores: encogimiento genital, entumecimiento, ganas frecuentes de orinar, pérdida de fuerza, cambios en la composición muscular, espasmos por todo el cuerpo, un cansancio brutal, dolor articular y muscular, latidos irregulares y dolor de cabeza a diario.

El impacto cognitivo fue aún más catastrófico. Nunca había tenido problemas de salud mental, pero después de la finasterida sufrí ataques de pánico extremos, una niebla mental intensa, confusión, ideación suicida, habla arrastrada, mareos, deterioro cognitivo, pérdida de memoria a corto plazo, anhedonia (la incapacidad de sentir placer), síndrome de nieve visual, sensibilidad a la luz y al sonido, incapacidad para gestionar el estrés, depresión, irritabilidad y una sensación constante de amenaza. Algunos síntomas han remitido, pero la mayoría persisten sin tregua. Llevo cinco años atrapado en esta pesadilla.

A base de leer mucho descubrí que hay miles de personas con síntomas incapacitantes parecidos, con las que ahora hablo en foros de internet y en grupos de WhatsApp. Hay estudios que empiezan a destapar los cambios biológicos y neurológicos que provoca dejar este medicamento. Abajo incluyo un enlace a uno de ellos:

«Differential Gene Expression in PFS Patients»: https://www.pfsnetwork.org/science/differential-gene-expression-in-post-finasteride-syndrome-patients (en inglés)

Aunque el prospecto aconseja acudir al médico de familia si los efectos adversos persisten, en mi caso no sirvió de nada. En mi centro de salud descartaron la posibilidad de efectos adversos persistentes, e incluso un catedrático de Andrología de un hospital de Londres admitió por teléfono que, aunque reconocía la enfermedad, no podía ofrecerme ninguna ayuda. Compré este medicamento en la farmacia online de Boots por un problema estético. Si la advertencia hubiera dicho «este medicamento puede alterar la expresión génica», no lo habría tomado jamás.

La finasterida ha destrozado mi vida por completo. No puedo trabajar, y hasta las tareas más básicas me cuestan. Cada día es una agonía. Me siento preso en mi propio cuerpo por un delito que no he cometido. Pido a quienes tienen poder para ayudar: hace falta con urgencia financiación para la investigación médica y una prohibición de este medicamento hasta que se entienda del todo su impacto biológico. Ningún otro joven debería sufrir lo que he sufrido yo, por el beneficio de la industria farmacéutica.

Les dejo con una cita del doctor Antonei Csoka, biogerontólogo y profesor asociado del Departamento de Anatomía de la Universidad Howard:

«El PFS probablemente representa formas de daño epigenético iatrogénico nunca vistas antes en la historia de la humanidad. En el plano individual, las consecuencias son catastróficas, y puede que haya también efectos en el conjunto de la población. Ampliar nuestro conocimiento y nuestra comprensión de estos trastornos, cada vez más frecuentes, es prioritario.»

Mi experiencia con la finasterida ha sido una pesadilla, pero al contar mi historia espero dar a conocer esto e impulsar la búsqueda de tratamientos que puedan devolvernos a la normalidad. Mantengámonos unidos, apoyemos la investigación en marcha y demos a conocer esta enfermedad devastadora.

Este relato se ha traducido del inglés.

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